
Derecho es una palabra que en español tiene múltiples significados: «voy a estudiar la carrera de derecho»; «tengo derecho a salir a las calles a protestar»; «camino derecho al altar», etcétera. Pero en ningún diccionario de lengua española encontramos un significado de derecho asociado a la meteorología y a las tormentas de verano.
Es en la ciencia meteorológica del mundo anglosajón en el que encontramos el término derecho como, «conjunto de tormentas cuyas velocidades oscilan entre 58-130 mph. y que se desplazan en línea recta». Este dato apareció por primera vez en un artículo publicado en la revista American Meteorological Journal en 1888, cuyo autor es Gustavus Detlef Hinrichs. Dicho artículo está basado en un “derecho” que atravesó Iowa el 31 de Julio de 1877.
«¿Y cómo se pronuncia ‘derecho’ — con ‘ch’ suave o con ‘ch’ fuerte?», se pregunta — mediante un post publicado en facebook — un amigo de Iowa City que no habla español. Y todo indica que él no es único, sino muchos los que se formulan la misma interrogante. Para alivio de ellos el diario The Gazette resuelve esta inquietud señalando que derecho se pronuncia de la siguiente forma: duh-ray-CHO.

Apenas pasó la tormenta por Iowa, dejando a su paso miles de árboles caídos, sembríos de maíz destruidos, cortes de electricidad en muchas partes del estado; un concierto de motosierras se apoderó del ambiente de Iowa City. A veces daba la impresión que estas competían entre ellas para saber cuál era la más ruidosa. Otras veces parecía que solo se comunicaban, y mientras más lejos era el ruido de la motosierra uno podía imaginar la gravedad del desastre natural.

La fisonomía de los cientos de cientos de árboles afectados por la tormenta nos ofrece un espectáculo cruel para nuestros ojos. Así encontramos árboles derribados de raíz, como si hubiesen sido “desclavados” sin piedad por los vientos fuertes. Están también aquellos partidos por la mitad como si la mano de un karateca gigante lo hubiese hecho. Y por si esto fuera poco están los árboles cuyas ramas no han terminado de desprenderse del tronco de los mismos, y están colgadas como cáscaras de plátano.
Por último, están los árboles que no eran árboles. Es decir, aquellos que aparentaban estar sanos y robustos por fuera; sin embargo, por dentro estaban enfermos y deteriorados, por lo que fueron fácilmente arrojados al suelo por la tormenta.

En un barrio de la zona sur-este de Iowa City hay un letrero blanco con letras negras, que dice: Climate change is real («El cambio climático es real»). Este letrero pudo haber pasado desapercibido si no fuese porque estaba colgado justo en la parte en que se quebró un árbol enorme. Un poco más allá, en otra casa, hay otro letrero similar que dice: Climate Plan Now! («Plan para el clima, Ya!»).
Como se puede apreciar la tormenta también ha sido una oportunidad para visibilizar el problema del cambio climático; al mismo tiempo, ha sido una ocasión para ver lo poco que se ha avanzado en la implementación de políticas públicas relacionadas al cuidado del medio ambiente en el estado de Iowa. Y todo indica que si no cambiamos nuestros hábitos y no mejoramos nuestra forma de relacionarnos con el planeta, tal vez este no sea el último derecho.


